31 dic. 2005

Tips para desafanar a tu vieja.

Volumen I: De viejas locas...

Te lo he adverti, e insistes. La última vez casi me matas de un susto. Ahí estabas afuera de mi casa, parada en la banqueta, con la cara larga. Me reclamaste por que ya no te buscaba, por que me acostaba con otra. Me agradó conocerte, pensaba llegar lejos contigo. Ahora piensó y llego a esta conclusión: Fué terrorífico dar contigo, y a ella, que ni siquiera te conoce, le pareció de pésimo gusto. ¿Por qué carajos viene a buscarte si ya sabe que sales conmigo? me dijo.

Pero continuas haciendolo: el otro día, interrumpirme a la mitad del sexo, fue la gota que derramo el vaso. Que pésimo gusto, que falta de conciencia. Siempre que sonaba el teléfono, tenía que parar y correr a responder, creyendo que era mi madre, mi hermana, Dios o Juan De la Reverga para avisarme que el mundo iba a acabar. Ni siquiera una noticia semejante es pretexto para interrumpirme. Pero carajo, eras tú, con la voz ronca, azotada. Me preguntabas con quien estaba, que hacía, si alguien me acompañaba. Yo, en mi cuarto, con el teléfono en la mano, escuchandoté. Simulando ser empático con tus celos, escuchando la sarta de ridiculeces que me preguntabas.

O aquella vez que no nós dejabas salir. Te plantaste afuera de mi casa y te negabas a irte; querías verla, conocerla, buscar más pretextos para acusarme de mujeriego, y te quedaste ahí tratando de hablar conmigo hasta que me harté de rogarte que te fueras y decidí meterme a mi casa a esperar que te largaras pronto. Esmas, te hiciste de una buena aliada, mi madre. Ahora eran 2 mujeres con sus sermones. Mi amiga (si, ahora ella no me cree que no tengo nada que ver contigo), adentro, me reprochaba: ¿Cómo te mezclas con esa clase de viejas locas, caray? Que vergonzoso.

Todo comenzó ese día que no pude ir al Hussong´s contigo. Dije que iba al FRE, a ver algún partido aburridon, seguro que estaba jugando Liverpool. Te aferraste en acompañarme, y supe de inmediato que sospechabas de algo. Desperdicié esa noche contigo, paseando por toda la jodida ciudad en vez de correr con mi cita. Traté de tolerarlo, pero ya no pude. Rubén me aconsejó, y no pude negar que tenía razón. Cierta noche de aquella semana por fin le dije: ¿Sabes que? La verdad quedé de verme con alguien y francamente quiero estar con ella; te sugiero que terminemos (de hecho nunca anduvimos), regreses con el novio que tenías y que decías amar, y me dejes en paz, disfrutar de mi modesta existencia. Pareciste aceptarlo, pero al día siguiente ahí estabas, estorbando.

Que lata. Como pude me las arreglé, pero el otro día, en Sanborns, ahi estabas, sentada con la misma cara larga, con exceso de maquillaje. Supe que la amabilidad, la sutileza y el tacto eran inútiles contigo.

Comencé a ser un poco, digamos, malo: Como en el cine, lograste colarte y fuiste a dar conmigo en el area de palomitas y sodas. -Ay, que casualidad, dijiste. Pensé: Otra vez tu; frustrandome todo. Ese día llegué a la conclusión de que lo tuyo era maldad, mala leche, ganas de joder. No eres una buena persona, concluí.

Yo nunca te fui a molestar cuando no sabía donde andabas. Jamás adopté el papel de investigador, vigilandote fuera de tu cuartucho, escribiendo a correos electrónicos, llamando por teléfono, poniendo esa escalofriante cara de tristeza intestinal. Yo respeté y respeto tus ondas, y nada te costaba respetar las mías, ser ecuánime y no ir a pararte en la puerta de mi casa a reprocharme de lo que tú gozabas tanto.

Carajo... luego dicen que nosotros somos los culeros.


Continuara...